En las novelas de Milan Kundera, donde a menudo el fantasma degradado de la revolución comunista se caricaturiza con un ácido humor negro y un buen golpe de realidad, hay a menudo "comités de honor". Éstos se meten con la vida privada de los ciudadanos al grado de deshacer la vida, pública y privada, de una persona, a partir de simples bromas entre iguales o por la incapacidad de decir de frente "no me gusta tu trabajo"; es decir, por ser condescendiente o amable. Eso se castiga moralmente desde las instituciones. Y no precisamente lo digo por La broma -temas más profundos hay en ella-, sino por el ridiculísimo caso del primer cuento en El libro de los amores ridículos, "Nadie se va a reír".
Hace tiempo, vengo hablando en mi entorno de una moral intelectual reinante. No he escrito mucho al respecto porque otros ya lo hacen, mucho mejor que yo, y mi voz prácticamente no cuenta. Menos desde que dejé redes sociales y porque no vivo de mi literatura a través de su notoriedad o popularidad. En este mundo, donde decir algo no conveniente o impopular para el siglo y la sociedad de la justicia es como cavar tu tumba -al menos durante unos días u horas-, es mejor dejar que todo pase. La pregunta es ¿pasará? Antes de que me pudra bajo tierra, ¿pasará?
Esto no tiene que ver con política directamente o partido en el poder. Más bien, se trata de la complacencia de la burocracia cultural por cumplir una agenda pública exigida por una bola de seudointelectuales y artistas de pacotilla siempre al tanto de "lo que se debe hacer y decir" en lugar de formarse más, para luego crear y eventualmente ver si es viable hacer público algo de calidad. Todos, por supuesto, piensan igual, opinan lo mismo -palabras más, palabras menos- y todos son grandes rebeldes y justicieros.
Es profundo el tema de la cancelación. Además, la censura moral masiva e incendiaria como motivo de explotación mercantil para las grandes compañías de las redes sociales, donde la actividad que se genera es oro puro, está explicada con detalle aquí y allá. Es como no desperdiciar agua, ahorrar energía eléctrica o beber Coca-cola: todos lo sabemos, hace mucho, pero seguimos metiendo las cuatro patas. Bien válido es que uno aprenda a vivir con sus contradicciones o, por lo menos, a no perder la cordura por sus debilidades. Sin embargo, es lamentable que las instituciones le entren al juego y que el discurso justiciero sirva para "quedar bien" y enaltecer carreras públicas o popularidad en las instituciones.
Lo más triste es que éstas no tengan nada que ver con las instituciones que de verdad deben impartir justicia, las de "Cultura", por ejemplo. Lo que hacen es dañino en dos caras: por un lado, la social del arte -aunque ahí encuentran su ganancia discursiva-; por otro, la institucional. Al quitar el poder a quienes deben impartir justica, al dividir su responsabilidad por crear nuevas instituciones para tal fin o al generar nuevos comités de honor por institución, lo que hacen es quitar poder de acción, deslegitimar un orden legal establecido y crear ambigüedad institucional. Al mismo tiempo, se desperdician más recursos públicos -y su aplicación sigue siendo ineficaz-.
Claro, porque lo que México necesita es debilitar cada vez más sus instituciones. Mejor aún si es entre iguales, puros ciudadanos castigando a otros ciudadanos, qué importa el verdadero problema del narco y la corrupción, qué importa la contaminación o la violencia normalizada. Lo mismo daba en los comités comunistas de República Checa, en los nazis de aquella Alemania o en la moral cristiana blanquísima -de la cabeza- que permea las instituciones imperiales yanquis: si se busca la popularidad, la saciedad de la mayoría, el cómo y el porqué son indiferentes. Lo que importa es satisfacer la sed de justicia -o venganza- auspiciada por Meta.
Copiamos su modelo, todo lo dicho, por los supuestos colonialismos que criticamos. Exigir justicia no es cuestionable, pero sí perder la cordura y aplaudir la pérdida de un Estado de Derecho en pro de un buen sabor de boca por cinco minutos de supuesta rebeldía. Paliada en redes sociales con un pronunciamento o mediante las "cartas de la vergüenza" que el reportaje de Aura San Juan Ramírez evidencia, y que ya antes mencionó Jeremías Marquines en "Premios de poesía en México: los vicios, la discriminación y la notoriedad". Sí, esas cartas que debes firmar para ejercer tus derechos culturales si una institución pública lanza convocatorias a premios artísticos. Muestran -con mejor cordura que yo- que el daño es ya sistémico. El punk, los hippies, el feminismo, sus contrapartes históricas -las que los vieron como moda-, con sus aciertos y errores, lucharon generacionalmente por una apertura que hoy perdemos en pro de discursos que supuestamente los siguen y renuevan.
Esta apertura de la mente se pierde en pro de una "justicia" rayana en el señalamiento colectivo para pertener o ser excluido en un culto religioso. Pero, y eso es muy respetable, en una institución así es voluntad de los participantes obligarse a los requerimientos de su liturgia. Lo mismo pasa con los premios o convocatorias dirigidos por instituciones privadas: están en todo su derecho de establecer reservas a discreción. Sin embargo, para las instituciones públicas, permitirse ser intelectual o artista hoy en México consiste en declarar que "eres limpio del alma, buena persona y puro de todo tu ser, susceptible de ser aceptado por el Señor".
Claro, "Señor" puede sustituirse por cualquier autoridad -real o imaginaria- de la ideología subyacente. No importa ser, por ejemplo, pésimo poeta o tener nulo talento histriónico. Ojalá las artes vuelvan a considerarse por sí mismas y las distintas Secretarías de Cultura -o quien haga sus funciones- dejen de fungir como pastores o sacerdotes que cuidan a su rebaño del mal, tras expulsar a todo el que no cumple con sumisión las reglas de sanidad moral intelectual.
Hoy toca dejar pasar, ¿pasará?
Qué fácil - Vómito nuclear
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Pa' leer (medios, personas, ideologías y posturas diversas coinciden):
https://massinformacion.com.mx/nadia-y-la-semilla-penista-poesia-y-carta-de-sanidad-moral-acusan-a-leonel-godoy-y-a-moron-colmenares-paramo-reincidir/
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/17/opinion/circo-en-la-sep-ni-a-cual-irle
https://www.eluniversal.com.mx/cultura/ilegal-carta-de-sanidad-moral-que-pide-inbal-a-concursantes/
https://www.bajopalabra.mx/sentencia-historica-justicia-federal-castiga-estigmatizacion-y-discriminacion-contra-poeta-en-el-snca/