Le agradezco profundamente a Luis Mario Sarmiento, quien anima mi chamba con sus excelentes ilustraciones.
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Hace aproximadamente un año, el sitio cambió de diseño, se propuso una edición impresa internacional (Umbigo), se extendió el número de colaboradores. A mi parecer, aunque la intención era buena, se llevó a una sobrepublicación tal en la plataforma digital que, de alguna forma, la totalidad de la revista era inabordable. Se perdieron los textos hasta entonces publicados pero se empezó de nuevo. El diseño reciente era más formal. A esta nueva etapa correspondieron otras colaboraciones ("Sobre todos los besos que no le di a Ximena", "Manual de buena fe" y "Ausencia de Equis").
Es reconfortante corroborar cómo hasta hace unos meses -mi última publicación en Ombligo fue en enero-, una revista así de seria brindó un espacio a un pobre escritor emergente sin nada de renombre, mínima difusión y, por mejores características, medianamente malo y arrogante, durante tanto tiempo.
Este
año, las mesas de discusión abrieron temas con el erotismo medieval,
renacentista y barroco; el erotismo en la tradición griega construido a través
del Tánatos y el homoerotismo en la poesía española contemporánea. En los tres
días, también se ahondó concienzudamente en el erotismo del cine en general y
particularmente en el cine mexicano. Se presentó un trabajo sobre el filme más
popular de Lars Von Trier, sin dejar de lado ensayos sobre la poesía de Paz,
Elsa Cross y tres cuentos de Bernardo Couto. Todas las ponencias estuvieron a
cargo de gente muy sesuda de la UV, la UAM, la UNAM y la BUAP de México; se
contó, además, con una ponencia de la Universidad Nacional de Medellín.
Participaron Aline Márquez Ramos, Adán Núñez, Arturo Alvar, Coral Velásquez
Alvarado, Erick Zavaleta, Fernando Cuartas, Manuel Olivares Morales, Ma.
Guadalupe Martínez, Mercedes Lozano Ortega, Nguyen Uziel Núñez, Pamela Camacho y Yessica V. Aceves, esta última, amiga de CU que propuso mi lectura.