Hace años, en distintas épocas, he solicitado becas. Cuatro en total: una vez a la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM), y tres al Estado que fueron dos al FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) en poesía y cuento cada vez y una en poesía al programa PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artísticos), que es del Fondo Estatal de la Secretaría de Cultura de Morelos. Las primeras 2 veces no tenía ni idea de cómo redactar un proyecto. Hice el ridículo con textos donde decía que no sabía qué iba a escribir y que no podía escribir diario, como una disciplina, pero me comprometía a escribir un libro si me daban la beca. Esto me pasó la primera vez con FONCA y con la FLM.
Luego me propuse estudiar un par de manuales que hay en línea para solicitar beneficios al FONCA, a tratar de seguir las partes que las convocatorias pedían y tener un proyecto en forma. Sin embargo, fue difícil estructurarlo y, en el caso del Morelos, hubo un tiempo que me daba la impresión de estar amañanado el asunto, así que me desencanté y lo dejé por la paz, pues a uno nunca le darían nada. En un país donde hay corrupción hasta para meter a un chamaco a secundria, no se puede esperar menos de las instituciones gubernamentales. De todas formas, conocía becarios que verdaderamente estaban trabajando duro; por eso, metí mi proyecto de poesía al PECDA hace dos años y otra vez no recibí nada. Los señores jueces de literatura (entre ellos Luis Felipe Fabré) simplemente declararon desierto el estímulo, como si fuera un premio, y no apoyaron ni a los de mayor trayectoria de las categorías más fuertes. ¿Por qué? Quién sabe. De inmediato se armó el alboroto acá en Cuernavaca.
Hasta se siente mal uno pensando que le pide migajas al gobierno corrupto. Pero no, es como pensar que un lugar en universidad pública, o nuevos hospitales, son cosas del gobierno y no hay que acudir. Al contrario: faltan muchos más. Si existe un Fondo es porque nuestros impuestos se destinan en parte a la educación, a la ciencia y asimismo a las artes. No es un trabajo, tampoco, como algunos podrían considerarlo. Es, en efecto, un beneficio para crear y corresponder a la sociedad con un producto final. Se te apoyará económicamente de tal suerte que puedas dedicarle todo el tiempo a tu proyecto (un libro, una puesta en escena, una exposición fotográfica, una gira musical para orquesta). Hasta aquí va perfecto el poema de Gerardo Arana "Ojalá el gobierno me diera una beca":
[...]
Muchas hojas
Muchas novelas
Novelas beca
No velas
Para vivir con quien uno ama
Vivir sin velas
Un año viviendo del estado
El estado perfecto
Haciendo nada
Ahora que lo pienso
Ahora que lo digo
Ojalá el gobierno
Me diera una beca
Y me prestara
Un bosque
Para escribir contigo
Para escribir poemas
Para escribir novelas
Donde podamos
Llamarnos Itzel
Cada que escribimos
Internacionalista
Y escritor solicitan bosque y dinero
Para hacer el amor.
[...]
El año pasado pedí una vez más en la disciplina narrativa "cuento" para el FONCA. Lo mismo: intenté redactar lo mejor posible, pero si en poesía no me apoyan con cierta trayectoria, menos en narrativa. No tenía nada que presentar y mi proyecto, aunque bien ideado en la cabeza, era difícil de sostener en el texto (te piden que digas de dónde antecede la idea, por qué, cómo, quién, cuándo, cuánto, dónde, para qué le servirá al mundo e infinidad de cosas que parecen, más bien, abordables hasta que se comienza a crear). Y otra vez no me llevé nada.
El año pasado comenzaron a pasar algunas cosas que me animaron porque, de alguna manera, uno vive en el desánimo y la duda: ¿debo seguir escribiendo? Y, sobre todo, con las antologías que salen aquí y allá diciendo que los meros meros de tu generación son otros. Todos, menos tú. Más la presión académica erudita elitista que te aísla y se defiende con argumentos como "NO han leído [lo que yo]. No comprenden MI poesía porque NO entienden qué es poesía. Lo que ustedes hacen NO es poesía". A partir de un premio que recibí interno en la UNAM, nada ostentoso, salieron otras cosas. Regresé a vivir a Cuernavaca, mi ciudad natal, y aquí me di cuenta de cierto recibimiento a mi obra que no me había permitido por no difundir mi chamba en mi propia tierra. Edité un poemario El morbo y las promesas, inicié un negocio de repostería casera y salí a vender mis poemarios junto con mis tartas en camiones, plazas, con colegas, dejándolos por ahí, gratis, en algunos locales del centro de Cuerna y CU en el DF, esperando de la mejor manera que llegaran a la gente y no se quedaran en el vacío.
Empezando este año, y gracias a esa difusión, me encontré con gente que conocía mis versos, ahora buenos amigos, la inauguración de la expo de un compa, con texto curatorial y poema de bienvenida de mi autoría, una invitación a leer en Xalapa en un festival de la UV, una edición por parte de la UNAM para los premios del año pasado en sus diversos concursos del día de muertos, una entrevista para radio, la solicitud de varios poemarios para distribuir en Oaxaca y otras cosas como lecturas, propuestas y espacios abiertos. Además, Editorial Mantra, bajo el sello-colección The Suicide Swallow, editó recién la plaquette Cuernavaca Ska-Jazz Club, una antología de textos que ya he publicado antes más algunos inéditos. Además, por fin concluí algunas materias y estoy más cerca de titularme. Total que, ya con este currículo, me sentí seguro para solicitar de nuevo la beca. Por última vez, claro. Uno siempre dice que es la última.
Metí todos mis datos y estructuré muy bien el proyecto, de tal suerte que no me fueran a rechazar por mero trámite, por las reglas de la archivonomía y burocracia mexicanas. Y así fue que el pasado 3 de julio salieron los resultados. El PECDA Morelos seleccionó mi proyecto "Marela. Ciudad para los mil ojos". Es un poemario donde buscaré soltarme como nunca, escalar otro nivel sensitivo frente a trabajos anteriores. Buscaré, más que el ruido y el movimiento, como en Eso que revienta, o la sonoridad y el poema de largo aliento, como en El morbo y las promesas, la permanencia, el inmininte cambio que parece no haber en la permanencia, en la contemplación cuasiestática. Una nueva propuesta poética que dentro de un año tendré completa y lista para rolar.
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