17 dic 2014

"Boceto" en voz de Elizabeth Larráñaga



Elizabeth es una querida amiga y colega de versos. Nos conocimos hace algún tiempo por la revista digital del Instituto de Cultura de Veracruz Litoral-e (hoy desaparecida directamente del sitio, aunque es posible encontrar los archivos). A varios años de amistad online, le pregunté si podría leer un texto mío y pocos días después me causó gran gusto escuchar en su voz uno de mis poemas. El texto elegido es "Boceto" del 2012, incluido en el poemario Eso que revienta. 


Entre otras cosas, Elizabeh Larráñaga estudió Ingeniería en Acuicultura en el Instituto Tecnológico de Boca del Río, es ama de casa, escritora -poeta y narradora-, cantante y compositora. Parte de su obra ha sido traducida al francés y publicada en diversos medios electrónicos e impresos. Por aquí encuentran más audios de poemas y canciones en su preciosa voz: Goear de Elizabeth Larráñaga "Lizla"


La foto la elegí personalmente de un lugar cercano al norte de Cuernavaca, rumbo a Tepoztlán, el "Bosque de La Herradura", sitio que inspiró algunos versos de "Boceto", sobre todo pensando en el camino a Tepoztlán. Pertenece a un álbum personal de mi amigo Ángel. Compañero del barrio, de películas, caminatas, pozolizas y loqueras.

Ángel Santiaguillo Medina es egresado de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Cuauhnáhuac de Cuernavaca. Trabaja en CONACYT Morelos, donde es coordinador del programa Expreciencia ambulante. Un chispazo científico en.... Realiza, además, excursiones y caminatas a diversos pueblos de Morelos. Pueden encontrar su página de Facebook: "Excursiones Tomoanchan".

9 dic 2014

Artículo de Mario Castro en Danludens

Danludens es una especie de revista que funciona como plataforma para la difusión de diversas expresiones artísticas que puedan ser manipuladas vía digital, desde texto hasta imagen, video y multimedia. La semana pasada, Mario Castro, compañero de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde es mejor conocido como el "Ma", publicó un artículo sobre mi trabajo. El también fotógrafo hace un breve y personal análisis sobre "Canción de Ananda" e invita a los lectores a hojear El morbo y las promesas, poemario donde está incluido el poema de Ananda. Los invito a leer el artículo y dejo por aquí un fragmento:

Juan Andrés Herrera - Un día común  en el RocaBar
(foto de Mario Castro)

"En Canción de Ananda la voz poética, que no la de Andrés, habla con violencia, con terror e incluso con placer pues Ananda, cuchillo en mano, siempre juega sobre el filo, lo frágil, frente a la muerte: todo el tiempo se encuentra entre vómito y sangre, entre fluidos que nutren a la tierra, que se esparcen sobre ella. El dolor es un juego, una acción rápida e insistente que se derrama palabra por palabra, violenta y sangrante mana de las calles mexicanas aunque también de la poesía. La muerte como tópico, como entrega del ser ante el dolor o el placer, quizás por ello el poema se dedica a Alejandra Pizarnick (sic), Gabriela Mistral y Concha Urquiza: una argentina, una chilena y una mexicana o, mejor dicho, tres latinoamericanas que, como el cuernavaquense, ven cómo la zozobra toma de la mano al tiempo: 

 Lentamente flota en un oscuro inmemorial 

 como el lomo de los montes de mi pueblo 

 o el jugo que corre sobre las calles mexicanas 

 de Roberto Bolaño, nunca bien ponderadas.

[...]"


Seguir leyendo:
http://www.danludens.com/typus/poesia-maconha-juan-andres-herrera-1990/

27 oct 2014

Lic. Gómez

(Reconcilio de Los perdedores)

Había más de tres kilómetros hasta el Gayety y, mientras los recorría, recordó sus días de triunfo, cuando era el campeón de pesos pesados.

J. LONDON, “Por un bisteck”


Lo siento. Llámame pesimista, si quieres, pero no amargado. Me niego a creer que la vida sea un designio de amor. Yo no creo que haya nacido como ser único para la persona única. Qué flojera. Eso reduce la vida a algo significante, el amor limita la vida a un sentido. No, discúlpame en verdad, eres joven, mano, y te deseo que disfrutes tu relación, pero a mis cincuenta y cuatro años me niego a creer que existe un amor único, un alma gemela. ¿Cómo? Pero, por supuesto, Carlitos, que la idea existe, y la acepto y puedo vivirla, pero yo me niego a aceptar que así es toda la vida, conozco el concepto de amor, no niego su existencia, sólo que así visto ha hecho tanta cursilada en el mundo, esas canciones, y las estampas, no sé, los poemas… Con todo respeto, ¡tanta pendejada! Hasta la ropa, todo tan “bonito”. Por eso hay tanto maricón. No, mira, el problema es la abundancia de una idea de lo bonito. Hombre, no te enojes, no soy un amargado, bailo, canto, hasta me enamoro de vez en vez, pero no voy a estar creyendo que haya “llegado” al sitio preciso en una mujer. No, discúlpame, Marlene, yo no digo que tu amor y el de tu esposo no sea real; no me entienden. Ándale, Paco, a eso me refería, ¿ven? ¿me explico?

     Y el Administrador, Lic. Gómez, tomó su fólder y puso encima del brazo canoso el suéter tejido a mano. Finalmente, era el jefe y a veces daban ganas de golpearlo por ser tan necio. La empresa que fundara diez años antes con su mejor amigo, ahora daba oportunidades a administradores recién egresados para servicios de reclutación por outsourcing.

     Salió del piso principal deseándoles buena tarde a todos. Dos cuadras más adelante, entró en la cantina de siempre y pidió un trago. Alguien puso una canción de Carla Mórrison en la rockola; el bar también estaba lleno de jóvenes.

     “No te quiero perder…”. ¿Es en serio?, se preguntó Gómez y encendió un cigarro. “me duele hasta la piel”. Justamente a eso me refería, se dijo. Bebió el whiskey. Esa canción sería el ejemplo perfecto para los demás en la oficina. Una joven de unos quince años gritó y abrazó a la chica que la había puesto.

     —¿Quién es?— No te quiero tener... y Gómez se entusiasmó con la cara de la chica y su sonrisa
     
     —Carla Mórrison— porque tanto te amo... Comienzo a conocer… la intensidad de mi ser...

     “Es como Liz en el bachillerato, sólo que era más alta”, se dijo Gómez, de tu boca mía dijo la Mórrison, “de tu boca mía”, gritó la chica, “de tu boca mía” se repitió el tono en la cabeza del Licenciado. “La boca de Fany”, pensó, mía, mía, “mía, mía”, “mía, mía“ siguió el eco (Carla Mórrison: la chica: Gómez) dentro de mí, semillas tengo de ti, “el semestre con Caty, la noche del balcón, la ciudad” y sin ti... cantó la Mórrison desde la rockola, “pueden querer morir”, se adelantó la chica casi con lágrimas en los ojos, “pueden querer morir” dijeron al unísono la Mórrison y el eco de la voz de la chica en la cabeza del Licenciado; “la venezolana de veinticinco años, el intercambio en Tlaxcala”, No te quiero perder..., ”Areli, Oaxaca, el servicio social, la titulación, las clases en Hermosillo, los viajes a Mexicali con su mamá”, que el amor se acabe y vuelvas a querer... dijo una vez más Mórrison-rockola, “que el amor se acabe” cantó la chica, “y vuelvas a querer”, completó Gómez en su cabeza, “Daniela en la secundaria, estábamos bien niños”, otro sabor a miel..., “Miriam, el proyecto de Amanalco, su primito Luis”, ”otro sabor a miel” repitió la chica pero él vio el metro, los camiones, las lanchas, vio ridículos, corajes,  despedidas, mentadas de madre, se vio olvidado, tranquilo, sin hijos, Comienzo a conocer... la intensidad de mi ser... “me duele hasta la piel” dijo la chica cuando ya la música terminaba y Gómez, por primera vez en trece años, aunque odiaba las telenovelas, lloró.